En la mente de un perro: el umwelt del perro.

4 comentarios en “En la mente de un perro: el umwelt del perro.”

  1. Leí «En la mente de un perro» hace aproximadamente un año. Me gustó el libro y lo recomendé a otras personas.
    Tienen mucho sentido las conclusiones a las que llega, y me llamó especialmente una la atención, cuando dice que posiblemente tú quieres más a tu perro de lo que tu perro te quiere a ti.
    Me pareció decepcionante en su momento, pero desde el punto de vista del perro es así.

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    1. Pues fíjate que con eso yo creo que la autora se contradice un poco a sí misma, porque ella defiende que cuando decimos «mi perro está triste» o «mi perro está contento», por ejemplo, tenemos que ser conscientes de que quizá no es así del todo. Que nuestro concepto de tristeza y alegría no podemos aplicárselo al perro ya que éste experimenta el mundo de forma distinta. Que sí, que igual está más o menos animado de lo habitual, que detectamos sus cambios de comportamiento y por tanto de humor, pero que es un error pensar que cuando un perro nos parece triste experimenta la tristeza tal y como nosotros la entendemos. Sin embargo, es verdad que ella dice que nosotros queremos más a los perros que ellos a nosotros y para poder hacer esa comparación pone los dos tipos de amor en la misma categoría. Y eso es una contradicción con el resto del libro. Yo estoy de acuerdo con la línea general y se la aplico también al amor.

      Quizá nuestros perros no nos quieran de una forma tan consciente ni razonada. Pero, al final del día, el amor no siempre atiende a razones. Cuando alguien me quiere hace que me sienta segura, aceptada, no juzgada, acompañada incluso en silencio, respetada… compartimos aficiones o simplemente disfrutamos en compañía; admiro a esas personas, me río, me siento bien, me relajo, desconecto, aprendo de ellas y de mí gracias a ellas… Puedo intentar explicar por qué las quiero pero abrazando a una persona a la que quiero…simplemente me siento bien, como debo, y las cosas encajan y fluyen. Todo esto podría decirlo de mi perra. Ella hace que me sienta así. Recibo mucho amor de ella, aunque ella no lo sienta de forma humana. Me da muchísimo más que otra gente que conozco. Y sólo eso a efectos prácticos, ya me bastaría para afirmar que mi perra me quiere tal y como yo entiendo el amor. Me da mucho de lo que necesito para ser humanamente feliz. En correspondencia, la acepto y la integro en mi mundo.

      Pero, además, creo que al revés es igual. Creo que ella se siente como debe y que las cosas encajan y fluyen. Aunque haya días ideales y días menos ideales (como en cualquier relación). Creo que los perros no saben mentir. Y que cuando duerme relajada panza arriba entre mis piernas, cuando huele mi cara con el rabito a doscientos por hora al llegar a casa, cuando me trae un juguete y se sienta paciente a que haga un descanso, cuando le basta sencillamente con estar en la misma habitación que yo, incluso cuando ejerce su independencia podenquil y prefiere estar a su aire, cuando demuestra que es una perra equilibrada (casi del todo), creo que todo eso lo hace porque yo, dentro de mis posibilidades, también le doy mucho de lo que necesita para ser perrunamente feliz. En correspondencia, me acepta y me integra en su mundo.

      Así, yo la quiero todo lo que humanamente puedo querer a otro ser vivo, es decir, de forma absoluta. Y ella me quiere todo lo que perrunamente puede querer a otro ser vivo, es decir, de forma absoluta. Nuestros «absolutos» pueden pertenecer a categorías distintas, quizá el mío es más consciente y el suyo más instintivo, no sé, pero no por eso son más o menos, sólo distintos.

      Al menos eso prefiero pensar yo. 😉

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      1. Muy buen análisis por tu parte, no había caído en tal contradicción, pero en cualquier caso me sigo posicionando en la linea de la autora.
        Creo que realmente el perro te ve como un objeto más, posiblemente el más preciado, incluso me atrevería a decir que eres reemplazable para él, aunque tú a tu perro nunca lo reemplazarías por otro.
        Tengo una teoría para ejemplificarlo.
        Tienes a tu perro desde que tenía pocas semanas, pasa el tiempo y a los 10 años, por las circunstancias que sean, tu perro pasa a vivir en una nueva familia y se tiene que habituar a ese nuevo hogar.
        ¿Crees que el perro sentirá nostalgía y pensará eventualmente en ti?
        Yo no creo que el perro tenga grandes sentimientos negativos. Es posible que tenga como microimágenes que le vengan a la mente, pero algo muy concreto con respecto a ti, de sus juguetes o de aquello que comía.
        De todos modos tampoco quiero adentrarme demasiado en este tema, pues alguien podría interpretarlo como que un perro no siente y por tanto se le puede abandonar.
        Abandonar a un miembro de tu familia, como es tu perro, es una de las cosas más despreciables que alguien puede hacer, por tanto no es escusa asumir que como el perro tiene capacidad para recomponerse en un nuevo hogar se le puede abandonar.
        Pocos son los afortunados que consiguen terminar en un buen hogar, pues la gran mayoría terminan muertos en carreteras y maltratados en las calles.

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  2. Mmmm, entiendo lo que quieres dcir y en parte estoy de acuerdo. Yo creo que es verdad que los perros viven más el presente y no tienen esa noción de pasado, recuerdo o nostalgia que tenemos nosotros. Yo creo que, por ejemplo, cuando dejo a mi perra en la residencia, o estoy mucho tiempo sin verla, ella no piensa en mi, no dibuja mi imagen en su mente. Y sé que en la resi se lo pasa de lujo porque durante el día está con un montón de perretes jugando y explorando. Pero cuando nos reencontramos después de mucho tiempo ella muestra una ¿alegría? especial, un nervio especial. Yo creo que en ese momento se da cuenta de que yo no estaba. Y creo que aunque en la resi disfrute, de vez en cuando ¿quizá por las noches? echará algo en falta, a lo mejor sin saber exactamente qué es. Y al vernos, lo sabe. Faltábamos nosotros.

    Es verdad que los perros pueden integrarse en nuevas familias, pero creo que ese perro siempre te reconocería. Cuando me fui de casa de mis padres, no dejaron que me llevara a mi perro conmigo. Lo querían demasiado. Y tampoco yo llevaba una vida especialmente estable, así que lo dejé con ellos. Creo que es perfectamente feliz, pero cuando vuelvo a casa, me recibe de una forma especial. Y durante el tiempo que yo estoy no se despega de mí, vuelve a querer dormir en mi cuarto, se queda a mis pies mientras estudio… Vuelve a ser mi perro. Lo recuerda.
    Aunque al día siguiente de haberme ido, recupera su rutina con mis padres. Obviamente un perro feliz echa menos de menos. También a los humanos nos pasa.

    Pero piensa también en los perretes que se quedan esperando en la pueta de un hospital, o en una gasolinera. Esperando y buscando algo que igual no pueden definir pero que reconocerían en el acto.

    En fin, que creo que tienes razón. Y que en el fondo, nosotros queremos más, porque nuestro amor es «consciente» y el suyo no. Pero aún así, mantengo que ellos, a su manera, nos quieren todo.

    La verdad es que es un tema al que no le había dado mucha importancia, y me ha parecido muy interesante. Creo que seguiré mirando cosillas. estos raticos y reflexiones son una de las muchas sorpresas que me ha dado el blog. Así que gracias 🙂

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